Viernes 15 de octubre, Sierra de Oaxaca


Amanecí en tierras de Benito, Sierra Juárez le dicen a ésta zona



6:00 am en punto dejábamos el hotel en una zona céntrica de la ciudad de Oaxaca. La noche anterior estuve recorriendo algunos minutos sus calles cercanas a nuestro lugar de descanso, tratando de encontrar personajes, encuadres, escenas, imágenes…

El amanecer nos terminó de despertar, junto con el frío, en el área más alta de está zona boscosa en medio de interminables pero divertidas curvas dentro de un bosque de coníferas chaparras que enmarcan el camino.

El café de olla de un tendajón y un pan dulce me dejaron el alma en paz. Tengo hora y media de espera antes de ponerme a trabajar. El frío ya lo espantó el sol que sin complicaciones superó los no muy altos pinos. En la mesa de al lado, un lugareño desayuna huevo con chorizo, frijoles y una pasta, codito, fría. Extraña costumbre del lugar. Yo intenté desayunar lo mismo pero la pasta no venía a cuento.

Pido un segundo café y empiezo a escribirte esto…



El frío era tan intenso que congelaba el alma. Su café y sus huevos revueltos con frijoles me calentaron los huesos y las risas con ella nos alimentaron el alma.

Tuve la descortesía de no preguntarle su nombre y aún así, me regaló su rostro.


La Carrera Panamericana 2019


La Carrera Panamericana, también conocida como La Carrera, La Pana y más recientemente como The Ultimate Road Race, es el rally más legendario vivo de mayor recorrido en el mundo. En ésta edición número 32 de su nueva época, se llevó a cabo del 10 al 17 de octubre 2019.

La ruta inició nuevamente en Oaxaca donde se llevó a cabo el registro, el escrutinio, la etapa de clasificación y la arrancada ceremonial. Este año la ruta contó, dentro del mismo Estado, con tramos en la Sierra Juárez con interminables curvas muy técnicas enfiladas una tras otra.

El anecdotario de La Carrera Panamericana 2019 incluyó su regreso a Veracruz y su paso por el Pueblo Mágico de Tlacotalpan y varias etapas de velocidad en este Estado como en las espectaculares Cumbres de Acultzingo, que siempre representan todo un reto para los pilotos y sus navegantes, y un gran espectáculo para el público que desde temprano encontró lugar bajo un brumoso y frío cielo.

Algunos récords nacionales fueron rotos en las carreteras libres de Morelia, en Michoacán y la categoría Histórica A Plus, en la que el novato Enrique Meza Jr., piloto de 18 años, logró una participación destacada. Ésta edición también dio cuenta del primer triunfo de Benito Guerra Sr., “El Original” quien se llevó la corona en la clase Turismo de Producción tras muchos años de pelear por ella.

Emerson Fittipaldi, expiloto y campeón de la Fórmula Uno, quien entendió por qué le llaman el Espinazo del Diablo a la última etapa de La Carrera, cerró con broche de oro la meta final en Durango, donde, sin duda alguna, el sueño de no perderse en la edición XXXIII, ya nublaba la mente de muchos pilotos y espectadores.











Publicación original y galería completa: http://www.onewaybooks.net

Diario de Nueva York (Galería 4)



Diario de Nueva York (Galería 2)

 


Diario de Nueva York (Galería 1)



The Vessel


Durante casi una década, los neoyorquinos vieron, no con muy buenos ojos, como el vidrio y el acero parecían estar en una carrera a cámara lenta hacia el cielo en el centro de Manhattan, al oeste. El resultado final ha llegado a ser conocido como «Hudson Yards».

«El Buque», como se llama temporalmente a la estructura, es una escultura interactiva que comprende una red de escaleras y descansos que los visitantes pueden subir (o tomar un ascensor) hasta la cima. La finalización del «Vessel» tiene una historia similar a la de Hollywood. Después de que la comisión fue otorgada al diseñador británico Thomas Heatherwick (quien venció, entre otros, a Anish Kapoor para ganar el proyecto), el desarrollador hizo todo lo posible para mantener el diseño en secreto. Tanto es así que se construyó una valla de 20 pies alrededor de las acerías en el noroeste de Italia, donde se estaban construyendo los huesos de la embarcación para que nadie pudiera ver cuál iba a ser el diseño. Poco a poco, partes de ella fueron llevadas a los Estados Unidos y «flotadas» al sitio de construcción a través de remolcador a lo largo del río Hudson de Nueva York.

Luego, a medida que se corrió la voz sobre su diseño y propósito, vino la indignación de muchos neoyorquinos (y publicaciones de Nueva York) de que el costo, que superó los 150 millones de dólares, hizo más que levantar unas cuantas cejas. Algunos lo han llamado una colmena, una caja torácica hasta un «doner kebab», algo así como un «trompo de pastor» para los mexicanos. Otros, sin embargo, creen que podría ser la versión de Nueva York de la Torre Eiffel. A partir de hoy, esos debates pueden comenzar a desecharse a sí mismos a medida que las masas colectivamente vienen a definir lo que es esta estructura y si realmente la necesitan los neoyorquinos.

Cualquiera que sea el desenlace, como turista, es una estructura espectacular, una experiencia digna de ser vivida dentro de la gran manzana, desde abajo le da un toque futurístico a la zona, único. Quizás era esa cereza que, por lo pronto, no le viene nada mal a la ciudad de los rascacielos.



Cuetzalan

Perteneció al totonacapán, región que se sitúa en el norte del Estado de Veracruz y se conformó originalmente en torno a la ciudad prehispánica de El Tajín, posteriormente, en la época colonial y hasta la actualidad, en torno a la ciudad de Papantla. Fundada en el año 200 a.c. por los totonacos, cuyos vestigios aún se conservan en la zona arqueológica de Yohualichán, correspondiente al municipio de Cuetzalan.

En 1522 fue sometida por los españoles y evangelizada por los frailes franciscanos. En 1547 fue considerada como un centro de actividades sociales, económicas y comerciales importante, por lo que se le dio el nombre de San Francisco Cuetzalan.

Decir que Cuetzalan es un Pueblo Mágico es quedarse lejos de la verdadera esencia de esta ciudad. Cuetzalan es la cuna de la magia, del misterio, de lo espiritual, de lo asombroso.

Sus sinuosas calles empedradas suben y bajan tratando de sacudirse la neblina que desde la carretera y el monte llega sorpresivamente y cubre todo de un fino manto que apenas deja descifrar el contorno de la ciudad.

Sus pobladores aún conservan las tradiciones de sus antepasados, sus coloridas vestimentas y el tradicional día de mercado. Los domingos la actividad económica transforma al pueblo por completo. Desde las 4 de la madrugada llegan camiones con las mercancías que se se venderán en las calles de prácticamente todo el pueblo, llenándolo de color, aromas, sabores y alegrías.

Cuetzalan es el centro de una zona llena de aventura, cultura, historia y tradiciones, es una rica mezcla de atractivos prehispánicos y coloniales. Cuetzalan es Quetzalan, que significa «lugar en donde abundan los quetzales»