Todas las mañanas…



Todas las mañanas deja sus sueños en la cama, se despierta y se viste para vivir…



Clarice Lispector

Lo demás es lo de menos

Despertarte, prepararte, salir y recibir el aire frío de la mañana junto con los cálidos rayos de sol acariciando tu rostro. Estoy vivo y lo demás es lo de menos. Gracias Dios.

Historias de fierros y abandono…

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Cuando el hombre creó los primeros objetos, fueron utensilios que el mismo utilizaría. Progresivamente, a través de la historia, sus manufacturas empezaron a ser mas diversas y sofisticadas, ya no sólo produjo herramientas para resolver sus propias necesidades, empezó a producir para tener con que hacer trueque, cambalache, negocio. Así, empieza a confeccionar joyería, ropa, muebles, enseres, artilugios, maquinaria, juguetes, medios de transporte y máquinas que fabrican mas máquinas que fabrican cosas…

El proceso de elaboración de un objeto conlleva, en sí, mucho tiempo. Desde detectar una necesidad, definir el elemento que la resolverá, diseñarlo, producir un prototipo, probarlo y mejorarlo, planear la fabricación y producirlo. Sin mencionar el diseño mismo de la producción, definir los materiales, procesarlos, estudio costo-beneficio, impacto ambiental, asignar un precio de venta, análisis mercadológico tan importante en estos días, distribución, exhibición y un largo etcétera.

Hay piezas que son tan anheladas que se convierten en invaluables objetos del deseo. Algunos alcanzan precios insospechados, existe mucho atrás de un producto antes de que este llegue al consumidor final. Hay objetos que por su propio valor intrínseco y el asignado se vuelven “eternos”, otros no tanto y que con el tiempo y el uso constante se van desgastando y descomponiendo por lo que van cayendo en desuso, inservibles por no existir ya piezas para repararlos o reconstruirlos dado que los fabricantes originales ya no las producen porque ya no responden a las necesidades que van cambiando constante y velozmente con los tiempos o simplemente por que ya pasaron de moda.

Estos objetos, los desechados, consiguen prolongar un poco su vida útil en mercados de pulgas, ventas de garage o negocios de usado, tal vez van pasando de mano en mano sucesivamente hasta que finalmente terminan sin valor alguno, inservibles, unos trebejos, trastos viejos y herrumbrosos convertidos en auténtica chatarra. Finalizan su misión depositados en basureros, deshuesaderos o simplemente se les abandona en calles, baldíos o descampados.

Tanto esfuerzo, tanto tiempo y tanto dinero invertidos, momentos especiales en los que mucha gente satisfizo sus diversas necesidades y compartió con seres queridos esos bienes, para que, al final, todo termine en un completo abandono.

 

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El discreto encanto de caminar sobre hojas secas

Esta temporada, con reminisencias de un otoño tardío, me brinda uno de los mayores placeres del año, el discreto encanto de caminar sobre hojas secas y sentir y escucharlas crujir bajo mis pies, indiscutiblemente este gozo es incomparable cuando caminas por un bosque frondoso de altos árboles, pero en la ciudad tiene su particular encanto, muy temprano de mañana antes del trajín cotidiano propio de las urbes, o por la noche, tarde cuando todo mundo ya se guardó.

Me gusta caminar despacio, pisarlas con calma, entre más abarque con la planta de mi pie, mejor. A veces corro, otras brinco como chamaco feliz sobre un charco salpicando el agua, de vez en vez sólo arrastro los pies, en ocasiones camino en círculos y dibujo con ellas intrincadas trayectorias, sea como sea que me las encuentre, siempre hay algo que espontáneamente mi impulso hará para que mi alma disfrute con ellas, sobre ellas…

Fotografío, luego corro, luego existo…

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Decidí calzar mis viejos Converse y salir a caminar y poner en marcha, una vez más, como cada inicio de año, mis viejos propósitos. Y más o menos al puro estilo de Murakami: Fotografío, luego corro o corro, luego fotografío, el orden de los factores no altera mis delirios.

Cierto es que camino un poco y luego corro, alternadamente, lo hago además, como si también fuera una especie de meditación, de ritual. No sé como lo hagan el resto de los corredores, supongo que las posibilidades son infinitas. No puedo evitar soñar, ordenar mis ideas, tratar de entender mi vida, fantasear, planear y proyectar algunas imágenes que algún día produciré, algún día…  La verdad también es que, muchas veces detengo la marcha, saco el iPhone y sólo tomo fotos, hoy fue uno de esos días.

Tendré que leer a Murakami y entender que pasa por la mente de los que, como él, corren. Saber que carajos pasa por sus cabezas, sus fantasías, sus frustraciones, pero en todo caso, leer ese libro también es un viejo propósito ya…

 

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Fugacidades carreteras

(A la memoria de Rodolfo)

Salir a las 4:15 a.m. del crucero de Insurgentes y Río Mixcoac nos garantizaba alcanzar la caseta de cobro de la carretera a Puebla antes de las 5:00 a.m. y no correr riesgo ya que ese día la Suburban de Last Lap no circulaba. Finalmente no volvería a circular. Con más prudencia que velocidad, manejaba Rodolfo a la vez que me platicaba como iban formándose sus gajes en este oficio de la chofereada, trabajo que tenía poco de experimentar, para su mala fortuna. El amanecer nos alcanzó pasando Puebla, cerca de las Cumbres de Maltrata y con los primeros destellos mi cabeza empezó a capturar imagen tras imagen. Me sacudí la modorra de los ojos, finalmente estarían por cumplir veinticuatro horas sin cerrarse, suficientes parpadeos y unos cuantos cabezazos fue todo lo que obtuve por descanso esa madrugada. Tomé mi iPhone y dejé de hacer imágenes latentes en mi corteza cerebral, para convertirlas en virtuales gracias a los artífices de la tecnología. Bendita tecnología. Parabrisas sucio, reflejos en las ventanas, cadáveres de insectos voladores esparcidos anárquicamente sobre la superficie del vidrio no dejan espacio suficiente para hacer una iPhoneografía limpia -que más da, luego las photoshopeo-

Fugacidades carreteras atrapadas al vuelo.

A partir de este momento y por los siguientes diez días esta sería mi cotidianidad, pasar del iPhone a la D80 o a la D100, recorrer de Veracruz a Zacatecas capturando paisajes carreteros, desde el pavimento mismo o desde estrechas veredas aledañas y procurar siempre, en el punto áureo del objetivo, un coche, poco complicado cuando este pasa lo más rápido que la combinación de HP (caballos de fuerza) de su máquina, pericia del conductor y trazado del asfalto le permiten.

Perseguir a los locos apasionados que corren La Carrera Panamericana por un buen trecho de este país, sólo me convierte en uno más de ellos, con la diferencia de que además de la pasión por esas máquinas que devoran kilómetros de asfalto, ser fanático de la imagen, motivo por el cual estoy en esta odisea, me hace cargar otras herramientas, que esos kilómetros de carreteras, coches, pilotos, paisajes, ciudades, montañas, lagos y demás oro e hidrografía que nos encontramos en el camino, registran en forma de pixeles llenos de bytes con la información precisa para reproducir visualmente en el monitor de mi Mac Book imágenes con las formas y colores exactos.

Participar en La Pana, correrla de alguna u otra manera, además de mantenerme en contacto espiritual con mi padre, me permite dar cuenta una vez más de la grandiosidad de este país, de lo cálido y auténtico de su gente, igualmente me deja la certeza de que hay que recorrerlo sin prisa así como con pasión.

(Fotografías tomadas con un iPhone 4)