DISTORSIONES ESPACIO-TEMPORALES


El estudio de la luz, su naturaleza y sus propiedades ocupó un lugar central en los trabajos de Albert Einstein


La relatividad del tiempo se entiende a partir de la relatividad de reposo y movimiento de relojes. El sistema de referencia temporal de un observador es un reloj en reposo

Autos vintage


En inglés, la palabra vintage se refería al año o lugar de una producción de vino, especialmente cuando éste era elaborado a partir de las mejores cosechas.


Su uso se generalizó para referirse, además, no sólo a los vinos, sino a cualquier objeto del pasado con valores estéticos y de calidad.

Lo vintage es un estilo de vida que cuenta con un gran número de amantes, desde su vestimenta, los muebles de sus casas, la decoración de las mismas que de alguna manera recrean lo que se consideraba antiguo en una combinación muy ecléctica y especial con lo moderno, a diferencia de lo retro, que pretende imitar o evocar un estilo o tendencia del pasado, pero claramente producido en la actualidad, mientras lo vintage pertenece genuinamente al pasado, creado, diseñado y producido décadas atrás y que se encuentra en excelente estado de conservación.

Autos Vintage ¿por qué?

Sin entrar en la bizarra discusión entre cuál es un auto antiguo, uno clásico o un vintage, indiscutiblemente todos evocan al pasado y ahí radica su esencia.

Los coleccionistas de antigüedades son estos personajes que sin admitirlo abiertamente, tienen una necesidad de poseer el pasado. Las razones pueden ser múltiples, todo tiempo pasado siempre fue mejor, podría ser una muy buena, muchos creen que los coches modernos son todos iguales, antes cada marca tenía su propia personalidad y era muy fácil identificar por la línea de sus autos, ahora es complicado distinguir uno de otro, salvo en autos de alta gama, y eso, no siempre.

Dentro de la amplia y versátil fauna de los amantes de los coches, están los restauradores. Son una suerte de Indiana Jones en busca de partes originales a cualquier costo para poder devolverle la vida a un auto que fue abandonado a su suerte y que un ocioso, perdón, un fanático de del arte que producía la industria automotriz mundial años atrás, es digno de volver a su estado origina y volver a rodar, aunque siempre existen los que los prefieren, literalmente, en la sala de su casa.

Cada año alrededor del mundo, en diversos eventos como las Galas del Automóvil, diseñados para la exposición de autos de colección, existe lo que le llaman “destape”, tal cual su nombre lo dice, se le quita la manta que cubre a un auto recién restaurado y que se da a conocer a posibles compradores coleccionistas, sin mencionar que en ese momento entra a un concurso de restauradores, que compiten en diferentes categorías.


Fotos tomadas en el Puebla Classic Tour 2019

Some people collect art, we race it!


Poseer el pasado a través de un auto antiguo, clásico o vintage puede parecer una nimiedad. Lo que si es un verdadero placer es tener el privilegio de ser testigo de algo que lo puedo clasificar como mágico, que el hombre haya sido capaz de diseñar y construir máquinas tan sofisticadas que duren años funcionando a la perfección, además de la belleza propia que llegan a tener, o que llegamos a encontrar a los que nos apasionan los coches, entre otros objetos y máquinas.

No todas las “latas de cuatro ruedas” son diseñadas y producidas con la misma pasión. No sólo es el desarrollo tecnológico que puedan alcanzar, si no la delicadeza de sus líneas aerodinámicas, que le dan, o le daban antes a cada coche un carácter que los hacía únicos, ahora todos tienden a parecerse tanto que han perdido su propia personalidad, pero ese es otro tema, por eso soy más fan de los autos Vintage que de lo modernos, pero ya no me distraigo con esto.

El tablero de mandos, el volante, los interiores fabricados principalmente en metal, madera, piel (ahora abunda el plástico en casi todos los autos), el diseño ergonómico de los asientos, la sensación de confort y funcionalidad del habitáculo, los mandos perfectamente dispuestos al alcance de las manos y de los pies, la textura del volante y de las vestiduras, la perfecta visibilidad de los manómetros y su diseño adecuado para transmitir la información necesaria de las condiciones del motor, de la velocidad, de la temperatura del aceite, del agua…

Pero la diversión empieza cuando giras la llave y escuchas el poderoso motor, en algunos, como en los Porsches, es un verdadero concierto digno de todo el poderío de unas cuerdas de Bach, embragar la primera velocidad y levemente soltar el pedal del clutch simultáneamente dándole gas al motor y empezar a traducir ese sonido en la sensación que te da el poder de esa máquina perfecta, tu cuerpo se hunde en el respaldo del asiento producto de la rápida aceleración, tus manos se aferran al volante tratando de ampliar al máximo el placer, disfrutar la potencia que los caballos que en el motor se desarrollan al máximo, escuchar las llantas como desplazan la grava sobre el pavimento, sentir la brisa que entra cada vez más rápido por la ventana, cambiar a segunda y darte cuenta que aún hay mucho más potencia por desarrollar, cambiar a tercera justo cuando tomas esa curva cerrada a la derecha y comprobar que eres capaz de controlar la bestia en tus manos, en tus pies, la sensación de placer aumenta directamente proporcional al desplazamiento a la derecha de la aguja del reloj que te indica las revoluciones por minuto que está alcanzando el motor justo antes de pasar a cuarta, el concierto de la máquina entra en molto vivace, la aguja del velocímetro sigue subiendo, las emociones también, todo va in crescendo…, un gran legado nos heredaron los ingenieros automotrices del pasado. Piezas dignas del mas importante de los museos de arte, aunque por ahí reza una frase vista en algunos coches que corren La Carrera Panamericana: Some people collect art, we race it!


Es un placer mundano, lo sé, todos lo son, pero hay ciertos placeres mundanos como éste que tienden a lo divino, y este, más que un placer, es una pasión casi divina…



Fotos tomadas el 7 de enero de 2015 con un iPhone 4 en alguna calle que no recuerdo de Satélite, en Naucalpan, Estado de México.


De pasos y pisos…


En ocasiones, para tratar de encontrar algo diferente que encuadrar, solemos voltear hacia arriba: las nubes; los edificios; los aviones; algunas aves; árboles; etc…



En las ciudades, los pasos cebra, o pasos peatonales como los conocemos en México, son estas franjas gordas pintadas de blanco en el asfalto, que nos regalan una maravillosa posibilidad de composición. Dependiendo del ángulo en que las encuadremos, nos dan perspectiva, ángulos, dirección y en conjunto con las piernas de las personas que las pasean, las posibilidades para enriquecer la imagen se multiplican.

Pero no sólo nos brindan líneas para la composición, nos regalan muchas texturas propias del asfalto o concreto con que son construidos los arroyos vehiculares sobre los que están pintadas de blanco o amarillo, estas franjas gruesas, además, le añaden un gran contraste y ritmo a las fotos.



Diario de Nueva York (Galería 2)

 


Diario de Nueva York (Galería 1)



The Vessel


Durante casi una década, los neoyorquinos vieron, no con muy buenos ojos, como el vidrio y el acero parecían estar en una carrera a cámara lenta hacia el cielo en el centro de Manhattan, al oeste. El resultado final ha llegado a ser conocido como “Hudson Yards”.

“El Buque”, como se llama temporalmente a la estructura, es una escultura interactiva que comprende una red de escaleras y descansos que los visitantes pueden subir (o tomar un ascensor) hasta la cima. La finalización del “Vessel” tiene una historia similar a la de Hollywood. Después de que la comisión fue otorgada al diseñador británico Thomas Heatherwick (quien venció, entre otros, a Anish Kapoor para ganar el proyecto), el desarrollador hizo todo lo posible para mantener el diseño en secreto. Tanto es así que se construyó una valla de 20 pies alrededor de las acerías en el noroeste de Italia, donde se estaban construyendo los huesos de la embarcación para que nadie pudiera ver cuál iba a ser el diseño. Poco a poco, partes de ella fueron llevadas a los Estados Unidos y “flotadas” al sitio de construcción a través de remolcador a lo largo del río Hudson de Nueva York.

Luego, a medida que se corrió la voz sobre su diseño y propósito, vino la indignación de muchos neoyorquinos (y publicaciones de Nueva York) de que el costo, que superó los 150 millones de dólares, hizo más que levantar unas cuantas cejas. Algunos lo han llamado una colmena, una caja torácica hasta un “doner kebab”, algo así como un “trompo de pastor” para los mexicanos. Otros, sin embargo, creen que podría ser la versión de Nueva York de la Torre Eiffel. A partir de hoy, esos debates pueden comenzar a desecharse a sí mismos a medida que las masas colectivamente vienen a definir lo que es esta estructura y si realmente la necesitan los neoyorquinos.

Cualquiera que sea el desenlace, como turista, es una estructura espectacular, una experiencia digna de ser vivida dentro de la gran manzana, desde abajo le da un toque futurístico a la zona, único. Quizás era esa cereza que, por lo pronto, no le viene nada mal a la ciudad de los rascacielos.



Un frío amanecer en la CDMX (2018)


Blues: un canto desde las entrañas

Pocas corrientes artísticas y más precisamente, pocos géneros musicales, logran transmitir con tanta intensidad una emoción o un sentimiento como el Blues lo hace. Nos contacta con nuestra nostalgia, con la tristeza, con esa melancolía que llevamos todos dentro. Los portugueses tienen un mejor término para definir esta sensación, le llaman: saudade.

Me encontraba con unos amigos y colegas, en un Café frente a la Iglesia de La Pila después del quinto día de hacer fotos durante la edición 2019 de La Carrera Panamericana que ese día terminaba precisamente ahí, a unos pasos de donde nos encontrábamos, en las calles de la colonial y bella Ciudad de Guanajuato.

Después de algunas cervezas empezamos a escuchar música diferente a la que había estado sonando en el sistema de audio de este café al aire libre, dudé si era del lugar en el que nos encontrábamos o de otro establecimiento vecino.

No fue hasta que me di cuenta de que, para empezar, era música en vivo, además la ejecución era de llamar la atención que tuve que levantarme de mi silla para ver quien demonios interpretaba con tremenda voz y con verdadero estilo “bluesero” “Stormy monday”.

Recordé a la ya desaparecida, hará unos tres años, Betsy Pecanins, quien tenía una muy gran versión de esta rola que me encanta, bluesera con un estilo inconfundible y gran presencia escénica. Fusionó géneros como el bolero, la música ranchera y el blues. Estilo que logró gracias a la mezcla de sangre proveniente de una madre catalana, padre estadounidense y ella mexicana por elección.

Michelle Palacios estaba ahí haciéndome olvidar que estaba acompañado. Llegó hasta mis fibras mas sensibles, hasta mis entrañas, las tocó, las retorció, las hizo como quiso y las hizo despertar de su letargo  provocado por cerca de un six de chelas artesanales, muy buenas por cierto, que fui por mi cámara y le hice unas fotos. Cuando me dí cuenta, Beco, amigo y colega con el que compartía la tarde, hacía lo propio desde otro ángulo.

Michelle Palacios, gran interprete de blues, supongo que orgullosamente mexicana.

Está en Instagram como: shalmapalacios.