Divagaciones en un día lluvioso

Lo único que no tolero de la lluvia es que el trabajo no me de un respiro para salir a disfrutarla.

Pocas cosas como la lluvia saturan mis sentidos y me llevan a acurrucarme en mis emociones, en mis recuerdos y respirar esperanza.

A falta de tiempo para salir a extasiarme, trabajo con la ventana y la puerta abiertas y el sólo escucharla me recompensa.

Amo la lluvia, incluso sin botas…

Ojalá estas interminables lluvias le devuelvan a esta tierra de dioses su gloriosa condición de zona lacustre y retomar el dichoso camino de las antiguas culturas y civilizaciones que se desarrollaron en las márgenes de los ríos y mares, en donde siempre abunda la prosperidad y la buena comida con base en pescados y mariscos. El intercambio cultural y comercial con economías lejanas. Clima propicio para la evocación y otros placeres terrenales, vaya fantasía la mía…

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